Septiembre es el mes de la vuelta. A los estudios. Al trabajo. De las vacaciones. Del verano. A la rutina. A las obligaciones y las cosas serias. La rentrée.
También es el mes de planear y de plantearse propósitos. Por mis septiembres han ido pasando todo tipo de matrículas a cursillos: de alemán, danza del vientre, portugués, fotografía, taller de escritura o gimnasio… Y mes, a mayores, de fijarse ciertos objetivos con más determinación aprovechando la energía adquirida durante el período estival. Sin embargo, este septiembre ha sido distinto. Me ha pillado con la marcha cambiada, y me da a mí que no soy la única. Tal vez porque poder planear se ha convertido en un lujo para muchos.
Así que septiembre ha llegado de sopetón y sin enterarme me he visto pegada a una maleta y dando algunos tumbos. Poco tiempo he tenido de planificar nada o de pensar en los propósitos. De arrancar y poner el corazoncito y la cabeza a funcionar en línea recta. He llegado a notar que tenía una tuerca en el cuello para darle vueltas, como la que llevan esos muñecos mecánicos que al cabo de un tiempo se quedan, así, sin fuelle.
Y es entonces al final de este mes fatídico que llegan días de sol y de verano, se llenan las playas y dicen que tendremos calor hasta los veintitantos de octubre. Y pienso que igual es una oportunidad. Que quizás sólo vayamos con un mes de retraso. Que los octubres son los nuevos septiembres. Así que a ver qué planeamos con ganas. Que nos han dado una nueva oportunidad, caramba.
En día muy oportuno ha caído en mis manos el poemario de Javier Cánaves Al fin has conseguido que odie el blues (Hiperión, 2003), os dejo con este poema certero del libro:
Septiembre
Sillas amontonadas… Las primeras
farolas se iluminan, aunque aún
le quedan a esta tarde unos minutos.
Sobre las rocas, sin pudor ni alardes,
las heridas resecas que el salitre
dejó en el armazón de aquel llaüt.
Derrotero implacable, todo avanza
en busca de su fin. Del otro lado,
sillas amontonadas, inservibles
-ahora que el sol ya busca otros veranos-
como el recuerdo de los días buenos
en mitad de un diluvio o de un adiós.
Y con unas estampas de mi viaje septembrero a Helsinki (para verlas en buen tamaño, hay que hacer doble click sobre la imagen):




Que el sol y la playa de octubre te traigan buenos propósitos y el tiempo para pensar en ellos entonces… Disfruta hasta los veintitantos, al final siempre da tiempo a comezar todo lo que se quiere empezar. Besos, belle.
Los buenos propósitos los alientan, en gran medida, las palabras reconfortantes de los buenos buenos amigos que están ahí. You know what I am talking about. Besos, Sariña.
llegue a tu blog por instagram y debo decirte que has ganado un nuevo lector… un gusto conocerte Patricia..besos y abrazos desde el fin del mundo
Qué privilegio tenerte por aquí, Esteban. Bienvenido a esta casa y un abrazo hasta Chile.
patricia:
tu me podrias dar tu correo, twitter o facebook, veo que tenemos intereses comunes y seria interesante poder intercambiar material, me puedes escribir a efarfan@gmail.com espero tu pronta respuesta…besos y saludos